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La persistente insistencia del juego
Curaduría: Leslie Moody Castro

Casa Equis, Ciudad de México
Marzo, 2019


¿Cómo es que una pintura juega en el espacio que habita? ¿Cómo es que baila? Asumimos que una pintura es estática; que vive sobre una pared blanca y está libre de movimiento. También asumimos que el espacio en que se aloja no está cargado de historia o referentes; que allí la pintura es una pieza pasiva y simple que jamás tendrá otra vida más allá del bastidor que la sostiene y, en ocasiones, de la pared en que cuelga. En definitiva, asumimos que una pintura siempre habitará la misma vida que se le otorgó cuando fue terminada.

Othiana Roffiel desafía esta noción del estancamiento. A estas piezas se les concedió un segundo aire; fueron trabajadas y retrabajadas hasta que comenzaron a bailar la una con la otra por el espacio. Cada pincelada forma parte de una balanceada y cuidadosa coreografía de revelación y recubrimiento; conforme cada pintura se adentra en el espacio, funda los cimientos de una conversación nueva y fresca: la insistencia del juego y su carácter. La experimentación de Othiana nos revela que ninguna pintura se termina jamás. Mientras sus pinceladas crean un lenguaje sobre el lienzo, ella recorta ese mismo lenguaje, ofreciendo así una interpretación diferente de los mismos ademanes.

Así, la obra gana acceso al idioma del entorno específico: una persistente insistencia de experimentar con el lenguaje, el movimiento y el dialecto del pintar, siempre y cuando el espacio quiera y pueda. Se trata de un acto juguetón de mediación entre el lenguaje de la pintura y el espacio que habita.

Leslie Moody Castro
Traducción de Yolanda Chichester Fauvet



The Persitent Insistence of Play
Curated by Leslie Moody Castro

How does a painting play in the space that it lives? How does it dance? We assume that a painting is static, that it lives on the white wall and is absolved of movement. We also assume that the space in which it is housed is absolved of history, or reference, and the painting inside the space is a simple, passive piece, never to have a second life beyond its current stretchers or at times, its current wall. Ultimately, we assume that a painting will always live the same singular life it was given when it was finished.

Othiana Roffiel challenges this notion of stagnation. The paintings have been given a second life, worked and reworked until they have begun to dance with one another in the space. Each brushstroke is a careful and balanced choreography of revealing and concealing, and as each painting enters the space it sets the foundation for a new, fresh conversation, an insistence of playfulness. Othiana’s experimentation means that no painting is ever completely finished, and as her brushstrokes have created a language on the canvas, she begins to cut away at that same language, offering a different translation of the very same gestures.

The works then enter the idiom of site specificity, an insistence and persistence of experimentation of language, movement, and a dialect of painting as the space both allows and permits. It is a playful act of mediation between the language of painting and the space it lives in.

Leslie Moody Castro